
La política religiosa de Teodosio aniquiló el paganismo, e hirió mortalmente al arrianismo, pero no logró la unidad religiosa de las dos partes del Imperio ni la supremacía del Estado sobre la Iglesia de Occidente.
El arrianismo de Valente había reanimado las querellas religiosas en las provincias orientales, Las disputas teológicas rebasaron los círculos sacerdotales, extendiéndose por la corte, los palacios, las oficinas, los mercados y las calles. Con una mezcla de amargura e ironía, Gregorio de Nisa escribe: «Si se pregunta cuántos óbolos hay que pagar, se os contesta filosofando sobre lo creado y lo increado. Se quiere saber el precio del pan, y se os responde que el Padre es más grande que el Hijo. Se pregunta [a los demás] por su baño y se os replica que el Hijo ha sido creado de la Nada». 26
Teodosio atacó radicalmente esta situación. Su política religiosa fue de una concluyente simplicidad: acabar las disensiones religiosas imponiendo la ortodoxia con el rigor de una ley imperial. Des. de el comienzo de su reinado se enfrentó con el paganismo. Fue el primer emperador que rechazó la investidura de gran pontífice de la antigua religión, que Constantino y todos los emperadores cristianos que le sucedieron habían seguido recibiendo. Solidarizándose con la decisión de Teodosio, Graciano abandonó este mismo año (379) el título de pontifex maximus. La legislación antipagana de Teodosio siguió un desarrollo ascendente: se amenazó con el destierro, y más tarde con la muerte, a los que sacrificaran en los templos paganos para conocer el porvenir. Graciano ordenó quitar de la sala de sesiones del Senado de Roma, como se ha dicho, 27 el altar de la Victoria, y anuló las dotaciones de los colegios sacerdotales romanos confiscando sus bienes. Cuando Arbogasto proclamó emperador a Eugenio, Teodosio condenó el paganismo en todo el Imperio como un crimen de lesa majestad. Prohibió todas las formas del culto, desde los sacrificios a las ofrendas y libaciones. Ordenó que los templos fueran convertidos en iglesias o demolidos. Los juegos olímpicos se celebraron por última vez en el año 393, y la famosa estatua de Zeus que había esculpido Fidias fue trasladada a Constantinopla. La victoria de Flavius Frigidus consolidó estas drásticas disposiciones, a las que la religión grecorromana no sobreviviría. (más…)