La Cuestión Arriana

marzo 4, 2007

Corrientes doctrinales en el siglo IV

Filed under: Conceptos — editor @ 9:34 am

Para la controversia arriana hay que distinguir básicamente cuatro corrientes doctrinales: los anomeos, los homousianos, los homoiusianos y los homoianos, nombrados siguiendo la secuencia cronológica de su entrada en escena. Después del año 360 se suman los apolinaristas y los neumatómacos.

Los anomeos (arrianos, neoarrianos, eunomianos)

Los anomeos afirmaban que el Hijo de Dios difiere por completo del Padre (anomoioV ). Según San Atanasio, Arrio afirmaba que el Hijo es “ajeno y distinto en todo a la esencia a la peculiaridad del Padre”. Los defensores de esta doctrina son los arrianos en sentido original.

Después de Nicea, hacia 355, Aecio (diácono antioquieno) y Eunomio (su secretarioi) volvieron al arrianismo original, anomeo. Un sínodo de Constantinopla del año 360 condenó a Aecio al mismo tiempo que consagró obispo a Eunomio. A esta doctrina se la denominó neoarrianismo. Añadía al arrianismo original dos puntos: sostenía que la esencia divina se puede alcanzar por el conocimiento humano y afirmaba el solapamiento entre el concepto y la realidad, de modo que cosas designadas con términos diferentes (Padre, Hijo) son también diversas en cuanto a su naturaleza.

La política de Teodosio acabó con esta herejía.

Los homoousianos (nicenos)

Son los que se atenían, sin fisuras, al Símbolo niceno. Entre ellos destacaron Atanasio, Osio de Córdoba, Marcelo de Anciera, Lucífero de Cágliari, Eusebio de Vercelli, los tres grandes capadocios, Fotino de Sirmio y Apolinar de Laodicea.

El término omoousioV había sido condenado en el Antioquía por Pablo de Samosata (268), porque se decía que olía a sabelianismo. Esto no lo conocían los padres del Concilio de Nicea. En 358 Basilio de Ancira hizo público este hecho y puso en aprieto a los nicenos.

Hasta el sínodo de Alejandría (362) y luego con los padres capadocios, no se había delimitado bien los conceptos de ousia como “esencia” y upostasiV como “substancia”. Antes, estos dos términos se usaban indistintamente para señalar la misma realidad, con demasiada frecuencia. Por eso fueron condenados Marcelo de Ancira y Fotino de Sirmo por “sabelianos”.

Los homoiusianos (eusebianos, semiarrianos)

Se agrupa bajo este epígrafe a todos aquellos que desde los tres Eusebios (de Cesarea, de Emesa y de Nicomedia, de ahí que se les llamara también “eusebianos”) buscaban una vía media entre el arrianismo y el nicenismo, también sin conocer o utilizar ya el término omoiousioV . Este término aparece por primera ves en la segunda fórmula de Sirmio (357) donde se prohibe su uso y el de omoousioV . Fue Basilio de Ancira el que impuso, en el sínodo de Ancira (258), la fórmula omoioV kat ousian. Él entendía por ousia una sustancia individual, de modo que él afirmaba en la divinidad tres upostaseiV y tres ousiai.

La ousia del Hijo es semejante a la del Padre, en cuanto que también ella es divina. Esta fórmula tuvo días de esplendor en Oriente, pero escasos porque el emperador se decantó por los homoianos a partir del año 359. La doctrina homoiousiana adquirió más importancia al unirse con la homoousiana. Hilario de Poitiers la llevó consigo a Occidente al volver del destierro e interpretó en homoousios en este sentido. En Oriente, por mediació9n de Basilio el Grande y Melecio de Antioquía, una parte del partido semiarriano se pasó a la ortodoxia.

Los partidarios del “homoios katà pánta”

El término “homoiano” es de origen moderno y se ha formado teniendo en cuenta la fórmula dogmática sostenida por ellos y según la cual el Hijo es homoios kata taV grafaV al Padre. El autor de la fórmula fue Acacio de Cesarea, sucesor de Eusebio y promotor de Melecio de Antioquía. Propuso esta fórmula como la fórmula de unidad más amplia y menos vinculante. Constancio la aceptó e hizo que se decretara en Nike presionando sobre el doble sínodo de Rímini y Seleucia, y se las arregló para que la confirmara un sínodo de Constantinopla (360).

Se abandonó pocos años después, pues se trataba de una fórmula impuesta por la fuerza con medios puramente políticos y no ofrecía una solución teológica satisfactoria.

A partir de los años 360/362 comenzó una nueva fase de las controversias y de evoluciones teológicas que se dirimieron también en la literatura cristiana: el neoarrianismo en torno a Eunomio, el apolinarismo y la lucha contra ellos encabezada sobre todo por Basilio el Grande de Cesarea, Gregorio de Nacianzo y Gregorio de Nisa.

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