La Cuestión Arriana

marzo 23, 2007

La política religiosa del emperador Teodosio

Filed under: Historia — editor @ 1:49 am

La política religiosa de Teodosio aniquiló el paganismo, e hirió mortalmente al arrianismo, pero no logró la unidad religiosa de las dos partes del Imperio ni la supremacía del Estado sobre la Iglesia de Occidente.

El arrianismo de Valente había reanimado las querellas religiosas en las provincias orientales, Las disputas teológicas rebasaron los círculos sacerdotales, extendiéndose por la corte, los palacios, las oficinas, los mercados y las calles. Con una mezcla de amargura e ironía, Gregorio de Nisa escribe: «Si se pregunta cuántos óbolos hay que pagar, se os contesta filosofando sobre lo creado y lo increado. Se quiere saber el precio del pan, y se os responde que el Padre es más grande que el Hijo. Se pregunta [a los demás] por su baño y se os replica que el Hijo ha sido creado de la Nada». 26

Teodosio atacó radicalmente esta situación. Su política religiosa fue de una concluyente simplicidad: acabar las disensiones religiosas imponiendo la ortodoxia con el rigor de una ley imperial. Des. de el comienzo de su reinado se enfrentó con el paganismo. Fue el primer emperador que rechazó la investidura de gran pontífice de la antigua religión, que Constantino y todos los emperadores cristianos que le sucedieron habían seguido recibiendo. Solidarizándose con la decisión de Teodosio, Graciano abandonó este mismo año (379) el título de pontifex maximus. La legislación antipagana de Teodosio siguió un desarrollo ascendente: se amenazó con el destierro, y más tarde con la muerte, a los que sacrificaran en los templos paganos para conocer el porvenir. Graciano ordenó quitar de la sala de sesiones del Senado de Roma, como se ha dicho, 27 el altar de la Victoria, y anuló las dotaciones de los colegios sacerdotales romanos confiscando sus bienes. Cuando Arbogasto proclamó emperador a Eugenio, Teodosio condenó el paganismo en todo el Imperio como un crimen de lesa majestad. Prohibió todas las formas del culto, desde los sacrificios a las ofrendas y libaciones. Ordenó que los templos fueran convertidos en iglesias o demolidos. Los juegos olímpicos se celebraron por última vez en el año 393, y la famosa estatua de Zeus que había esculpido Fidias fue trasladada a Constantinopla. La victoria de Flavius Frigidus consolidó estas drásticas disposiciones, a las que la religión grecorromana no sobreviviría.

Los arrianos no fueron tratados con menos rigor. El edicto de 28 de febrero del 380, promulgado en Tesalónica, era una verdadera declaración de guerra al arrianismo: «Todos nuestros pueblos deben, esta es nuestra voluntad, adherirse a la fe transmitida a los romanos por el divino apóstol Pedro, la que siguen el pontífice Dámaso y Pedro, obispo de Alejandría. Esto es, que nosotros creemos, según la predicación apostólica y la doctrina evangélica, en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, una divinidad de igual majestad y en divina Trinidad. Sólo los que siguen esta ley tienen derecho a llamarse cristianos católicos. Los demás deben sufrir el vergonzoso baldón de la herejía, sus hogares de reunión no deben llevar el nombre de iglesias, y han de ser castigados por el juicio divino, pero también por nuestra intervención judicial, que nosotros, apoyados en el juicio del cielo, les daremos.>> 28

Con esta declaración, Teodosio superaba ampliamente el autoritarismo religioso de Constantino, quien había impuesto su voluntad a los obispos, pero dejando a los concilios la definición oficial del dogma. Ahora, por primera vez, un emperador reglamentaba, en su propio nombre y no en el de la Iglesia, el código de las verdades cristianas obligatorias para sus súbditos,29 implantando el principio de la sumisión de la Iglesia al Estado. La ley definía la distinción entre católicos y herejes: eran católicos los que aceptaban la fe nicena, y heréticos todos los demás.

La legislación complementaria del edicto de Tesalónica prohibió a los herejes reuniones públicas y privadas, les obligó a entregar sus iglesias a los nicenos, y hasta restringió los derechos civiles de los arrianos radicales y de los maniqueos.

Teodosio, que aspiraba a conseguir por el camino de la intolerancia la unidad religiosa, creyó que un concilio podía precipitarla. El segundo concilio ecuménico de Constantinopla del año 381 añadió a la identidad y consustancialidad del Padre y del Hijo la del Espíritu Santo. El símbolo de Constantinopla fue aceptado por la Iglesia de Occidente, que no estuvo representada en el concilio. Pero el canon tercero, que determinaba «que el obispo de Constantinopla sea el primero después del obispo de Roma, porque Constantinopla es la nueva Roma», no sólo fue discutido por los metropolitanos más antiguos, como los de Jerusalén, Antioquía y Alejandría, sino fríamente acogido por el papa Dámaso. La equiparación de la jerarquía eclesiástica a la organización estatal era una medida lógica en la política religiosa de Teodosio. Pero Dámaso y el obispo de Milán Ambrosio iban a disputar al emperador la independencia de la Iglesia.

Anuncios

2 comentarios »

  1. Cacho nombre “ADRIANO”

    Comentario por ANONIMO — mayo 26, 2008 @ 5:47 pm | Responder

  2. busco lio barato

    Comentario por dougla oliveira de sousa — enero 15, 2010 @ 11:59 am | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: