La Cuestión Arriana

marzo 30, 2007

Arte Visigodo del período arriano (507-586) -I-

Filed under: Arte — editor @ 8:10 am

Arquitectura y Escultura

La imposición de la herejía arriana como religión oficial de Hispania debió crear un clima de hostilidad y de tensión entre la numerosa población hispano-romana sometida y la elite visigoda en el poder. Paradójicamente, y en gran medida presionados por el predominio numérico de la masa popular cristiana, los monarcas godos se mostraron especialmente flexibles y tolerantes con las costumbres hispanas, así como con sus principios e instituciones, aceptando incluso su religión. Durante el período arriano, los católicos tuvieron libertad suficiente para practicar sus ritos, erigir iglesias e instaurar monasterios, escribir y difundir sus textos religiosos, ….

La edificación de templos por parte de los hispano-romanos debió, por tanto, ser normal durante el siglo VI, estableciéndose una continuidad con la actividad constructiva del Bajo Imperio. La persistencia de los modelos paleocristianos es evidente en un conjunto de iglesias en las que se pone de manifiesto la influencia del Norte de África, al ser aquellas las comunidades con las que los hispanos mantuvieron unos contactos más estrechos. La característica principal de este grupo se manifiesta en planta, mediante la inclusión de ábsides contrapuestos en los extremos del eje longitudinal, siguiendo el modelo de la basílica africana de Orleansville. No obstante, en general, sus dimensiones suelen ser mucho más reducidas que las de ésta. Las iglesias más destacables son la de San Pedro de Alcántara (Málaga), la de Alcaracejos (Córdoba), la de Casa Herrera (Mérida), y la de La Cocosa (Badajoz). Todos estos edificios se fechan en torno al primer tercio del siglo VI.

La de San Pedro de Alcántara, en Vega del Mar (Málaga), es un edificio de planta casi cuadrada, de tres naves y doble ábside enfrentado dispuesto en dirección este-oeste. El ábside occidental, considerado el núcleo principal, está flanqueado por dos cámaras laterales que se traducen al exterior mediante un testero plano. Estas estancias se hallan incomunicadas entre sí, al existir un pequeño tabique de separación entre ambas, que impide que la curva del ábside se una al muro exterior de cierre, igual que ocurre en Santa María de Grado, en Italia, y en otros ejemplos africanos. La habitación sur alberga la piscina bautismal, de planta cuadrilobulada, dispuesta para el rito de inmersión, según el cual se desarrollaba la iniciación bautismal. Resulta interesante resaltar que el contraábside oriental no presenta enterramientos, ni marcas de apoyo de altar. Las inhumaciones fueron realizadas, en cambio, en dos pórticos laterales corridos, al norte y al sur, cuya inclusión completaba el conjunto litúrgico de iglesia, baptisterio y cementerio.

En el municipio de Espiel, al norte de la provincia de Córdoba, ubicado en el lugar llamado El Germo, se encuentra otro edificio de semejantes características, conocido también con la denominación de Alcaracejos. Es una construcción basilical de tres naves separadas por dos hileras de seis columnas, y con doble ábside. A los lados hay dos salas alargadas, la del norte rectangular y la del sur rematada de nuevo por ábsides semicirculares en los extremos, en la que se incluye la piscina bautismal. Los enterramientos se distribuyen dispersos en todos los espacios.
El edificio más regular y uniforme de todos los del conjunto de ábsides contrapuestos es la basílica de Casa Herrera, a unos siete kilómetros al noroeste de Mérida. Se trata de un rectángulo que consta de tres naves separadas por seis columnas. Presenta dos ábsides exentos en forma de arcos ligeramente peraltados, siendo más estrecho el del oeste. El que constituye la cabecera, con las marcas de los cinco soportes de altar en su centro, está flanqueado por dos cámaras. Incorpora, además, dos pórticos laterales al norte y al sur, con finalidad funeraria.
La misma estructura inspirada en la iglesia argelina de Orleansville se repite en la basílica situada en la villa de La Dehesa de La Cocosa en Badajoz, aunque esta construcción presenta la peculiaridad de incorporar un tercer ábside en el muro oriental, próximo al ábside norte, del que se desconoce hasta el momento su finalidad.

Los paralelos con el Norte de África se manifiestan de nuevo dentro de este grupo de edificios tardo-paleocristianos en el templo de Aljezares, en Murcia. Es una construcción de tres naves, probablemente separadas por arcos, con un único ábside semicircular, siguiendo, en este caso, el modelo de la iglesia norteafricana de Setafis, en Perigotville. Se conserva el baptisterio, edificio circular adosado al este del conjunto, con piscina ovalada en el centro, así como los restos de cinco columnas correspondientes a un pórtico ubicado en el lado oeste.

Dejando a un lado este conjunto homogéneo de edificaciones, el influjo norteafricano se acusa también en un sistema decorativo peculiar que fue adoptado en las iglesias peninsulares durante el siglo VI: los ladrillos decorados a molde. Este tipo de producción fue muy común en la región de Túnez en el siglo V, exportándose a la Península Ibérica a finales de dicha centuria. En la Hispania visigoda su elaboración se concentró en un ámbito específico, la zona del valle medio y bajo del Guadalquivir, extendiéndose hasta Mérida.

Los ladrillos, de forma cuadrada con ligera tendencia al rectángulo, solían medir entre unos 20 y 40 centímetros por lado y estaban decorados con relieves estampados. La estampación del tema podía realizarse en relieve o en hueco y, a pesar de tratarse de un sistema de elaboración extremadamente económico, su resultado estético era muy ornamental. Se han encontrado numerosos ejemplares en las ruinas de edificios religiosos, aunque se desconoce su uso específico. Se especula con la posibilidad de que fueran utilizados para el revestimiento de sepulturas, o que se integraran en la decoración del templo como exvotos, conformando el pavimento, o como parte de la decoración parietal, a modo de frisos.

Su temática decorativa es bastante simple. Abunda la presencia de motivos florales y geométricos, aunque los más frecuentes son los típicamente paleocristianos, como el crismón, las uvas, los pavos reales o palomas dispuestos en torno a ánforas o cálices, veneras,… De gran interés es la pieza hallada en Osuna (Sevilla), que representa a dos caballos afrontados en torno a una palmera, así como la procedente de Lebrija, que incluye una representación figurada identificable con el tema bíblico de Daniel en el foso de los leones, una de las escenas religiosas más frecuentes en los ladrillos tunecinos. Importante también por sus inscripciones de evidente carácter funerario son el grupo dedicado a Bracarius (BRACARI VIVAS CUM TVIS) o el del obispo Marciano.

La influencia bizantina tuvo también un gran peso en la Península durante el siglo VI. No hay que olvidar que es éste el período de máximo esplendor y creación artística del Imperio Bizantino, el correspondiente al reinado de Justiniano. Su reflejo se plasma en algunas construcciones hispanas, así como en la talla de ciertos elementos de carácter escultórico: sarcófagos, pilastras, canceles y capiteles.

Aunque no resulte exclusiva de la arquitectura bizantina, la planta en forma de cruz griega, con todo el significado simbólico que conlleva, tuvo en el arte cristiano oriental su mayor desarrollo. Dos edificios del siglo VI conservados en España evidencian la relación con esta estructura. El templo de Valdecebadar, cercano a Olivenza (Badajoz) presenta una planta centralizada de este tipo, con la peculiaridad de rematar uno de sus brazos en herradura. La misma disposición, en este caso cuadrilobulada, se repite en el martyrium de La Dehesa de La Cocosa (Badajoz), a cuyo complejo arqueológico ya hemos aludido más arriba al referirnos a su basílica. Esta edificación se cubría en origen por una cúpula sobre pechinas decorada con mosaicos, actualmente derruida. Sendas construcciones son especialmente interesantes como antecedentes inmediatos de dos obras maestras de la arquitectura visigoda del siglo VII, que analizaremos en su apartado correspondiente, las iglesias de San Fructuoso de Montelios y Santa Comba de Bande.

El influjo bizantino en las artes figurativas está encabezada por una destacada serie de sarcófagos esculpidos, fechados en época muy temprana, en torno al siglo V, en los primeros momentos de la dominación visigoda. Desde el punto de vista técnico, los relieves que presentan están realizados a bisel en dos planos, el inferior poco profundo y el superior más abultado, completando los detalles de las figuras con incisiones. Una de las piezas de mayor calidad y mejor conservado es el sarcófago existente en la iglesia de la Santa Cruz en Écija (Sevilla). Realizado en mármol, presenta sólo decoración en la cara frontal, como es normal en Occidente, aunque incorpora epígrafes griegos para identificar a los personajes, subrayando la procedencia oriental de la iconografía. En sus asuntos, el sacrificio de Isaac, el Buen Pastor y Daniel en el foso de los leones, se mezclan las influencias del arte romano popular con las del foco bizantino de Rávena. Schluck ha detectado importantes paralelismos entre este ejemplar y los relieves procedentes de la iglesia de Hagios Stoudios, en Constantinopla.

Del sarcófago de Alcaudete (Jaén), de cronología ligeramente posterior, hoy conservado en Museo Arqueológico Nacional, sólo ha sobrevivido un fragmento, correspondiente a su frente principal. Se ornamenta en dos frisos superpuestos: arriba, la resurrección de Lázaro y Daniel en el foso de los leones y en la zona inferior, David cortando la cabeza a Goliat. Aunque estos temas son inéditos sobre receptáculos funerarios, se relacionan estrechamente con dibujos existentes en manuscritos orientales.

Hacia finales del siglo V se datan los restos del sarcófago de Ithacius (en el Panteón de Reyes de la Catedral de Oviedo), cuya inscripción latina informa que fue realizado para un joven con este nombre. Está decorado con un crismón, palomas flanqueando un cáliz y roleos. Su tratamiento artístico, así como su estilo, manifiestan una conexión muy estrecha con los talleres de Rávena, mayor todavía que en los casos anteriores.

Gracias a los numerosos restos de escultura monumental conservados, sabemos que en el siglo VI la decoración de las iglesias se concentraba, prescindiendo de los elementos arquitectónicos, en piezas talladas, tales como pilastras, capiteles, columnas, cimacios, relieves figurados,… En todos los que han llegado hasta nosotros se evidencia una marcada influencia bizantino-ravenaica, tanto en los temas (hojas de acanto, roleos, palmetas, hojas de vid,…) como en su interpretación estética. El principal centro productor de escultura ornamental en este momento es el de Mérida, que trabaja fundamentalmente durante el pontificado del obispo Fidel (560-571), y que tendrá una influencia decisiva sobre el foco toledano.

Entre las piezas de uso litúrgico salidas de este taller destacan los canceles o iconóstasis, realizados tanto en piedra como en mármol, que servían para separar los distintos espacios en los templos. Estos ejemplares, que buscaban crear un efecto arquitectónico, estaban configurados por arcos de medio punto o rematados en mitra, apoyados sobre columnas. Los motivos tallados en el interior de los mismos solían remitir al repertorio paleocristiano tradicional, como el racimo de uvas (alegoría eucarística) o el pavo real (símbolo de la inmortalidad), temas muy en relación con el lugar sagrado donde se ubicarían los mismos. A este conjunto de objetos con finalidad litúrgica se sumarían los pies de altar, generalmente decorados en sus cuatro caras, repitiendo un mismo motivo, por ejemplo, grandes cruces de brazos iguales.

Para completar la visión de conjunto acerca de la arquitectura durante la primera etapa de asentamiento visigodo en la Península, es necesario hacer referencia a una serie de edificaciones, muy heterogéneas y dispares entre sí, que tienden a situarse cronológicamente a fines del siglo VI, en fecha muy próxima a la conversión de Recaredo al cristianismo.

De gran interés son los restos de la ciudad de Recópolis, próxima a Zorita de los Canes, en Guadalajara. Se trata de una urbe que el monarca Leovigildo fundó en honor de su hijo Recaredo, en el año 578, en el momento de consolidación de la monarquía independiente en Toledo, queriendo emular las iniciativas imperiales bizantinas. Las excavaciones practicas desde 1940 han sacado a la luz una iglesia vinculada con una zona de edificación, probablemente de uso palacial, y un amplio lienzo de muralla, así como ciertas construcciones militares y puertas de acceso al recinto.

El templo está situado en la terraza alta del conjunto urbanístico. Consta de una única nave, con pequeño crucero acusado en planta y ábside exteriormente recto, pero semicircular al interior. Posee también un pequeño atrio o nártex a los pies. Lo más llamativo de su estructura es la existencia de una serie de estancias y galerías que rodean completamente la nave y el crucero de la iglesia. Se puede identificar la existencia de tres parejas de cámaras (a ambos lados del crucero, a ambos lados de la nave y a ambos lados del atrio) comunicadas entre sí y que permitían el acceso al transepto sin tener que atravesar la nave central. Algunos investigadores consideran que la función de estas habitaciones anexas era la de servir de paso hacia el palacio contiguo, habilitándose además como mausoleo, para albergar enterramientos de reyes y príncipes. En este caso, el templo tendría una función palatina y de panteón real. Para otros estudiosos, en cambio, las dependencias que rodean la construcción deben ser interpretadas como celdas de monjes, lo que convertiría a la basílica de Recópolis en un edificio de carácter monacal.

Si se confirmara esta última hipótesis, este conjunto arquitectónico se pondría en relación con el hallado en Fraga (Huesca). Su iglesia, de planta cruciforme con ábside semicircular, presenta adosadas al brazo oeste de la cruz, salas anexas, en este caso aceptadas sin discusión como habitaciones destinadas a los monjes.

Finalmente, nos queda por citar la pequeña iglesia de San Cugat del Vallés, en Barcelona. Si bien la construcción se halla muy deteriorada, es posible advertir la existencia de una única nave que remata en una curiosa forma absidal, de herradura al interior y poligonal al exterior. Para Schlunk es el primer ejemplo en Cataluña de la utilización de la forma de herradura en planta, algo que se generalizará en algunos templos altomedievales como San Cebrián de Mazote (Valladolid) o San Miguel de la Escala y Santiago de Peñalba (León).

Por Noelia Silva Santa-Cruz
ISBN-84-9714-008-7

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1 comentario »

  1. Muy interesante.

    Sólo echo de menos alguna referencia a Cabeza de Griego, que fue la mayor iglesia de esa época de la que se tiene noticia y que era, casi seguro, arriana.

    Me gustaría mucho conocer su opinión sobre la información del arte visigodo que hay en mi página sobre Arte Prerrománico Español:

    http://logotur.e.telefonica.net/

    Incluye la descripción de las iglesias a las que hace referencia en su artículo.

    Creo que coincidimos en casi todo, sólo hay una diferencia importante en los antecedentes de San Fructuoso de Montelios y, debido a ello, de las iglesias cruciformes.

    Un cordial saludo

    Pablo García-Diego

    Comentario por Pablo García-Diego — abril 8, 2007 @ 1:14 pm | Responder


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